jueves, 10 de abril de 2008

Bautizo de mi libro: "Necrolírica para eros....




El domingo 6 de abril, en la Alcaldía de Girardot en Maracay, se realizó entre otras actividades el bautizo del libro que contiene las menciones honoríficas de la Bienal Augusto Padrón 2006, yo Marianela Cabrera, con mi texto "Necrolírica para Eros Despiertos" fui merecedora de la misma y compartí el suceso con el poemario: "Urbano" de Astrid Salazar y "La llave de Carbón" de Alejandro Useche. Proximamente realizaré una tertulia en la tienda "Antiques Tattoo" en Cagua con el mismo fin, es decir, celebrar la publicación. Están invitados.

lunes, 17 de marzo de 2008

EL TOQUE DE ÁNIMAS UN POEMA DE ALCIDES LOZADA




Es muy antigua el alma de esta ciudad tristona
es una flor de piedra del siglo dieciséis
Oíd el toque de ánimas
que la torre pregona
aún subsiste el espíritu español, ya lo veis.

Cuando el reloj anuncia las nueve de la noche
empiezan a doblar a muerto las campanas,
se abre en cristianos labios
de la oración el broche
y va, soltando el miedo, sus negras caravanas.

Dice en la sima el río su secular lamento,
como titán vencido que Javé aprisionara,
y con anchos clamores
se oye pasar el viento volando,
sin reposo, bajo la noche clara.

El lleva el espantoso plañir de la llorona,
la señal estridente que lanza el silbador,
los ecos de la Mula Maneada y la Sayona
Y el rítmico y crispante golpe del Leñador.

Atento a los rumores de la noche transito
Por las calles deiertas, duerme ya la ciudad.
El espacio es radiante fragmento de infinito
y el tiempo que transcurre, girón de eternidad.

Un templo que presenta su perfil alargado,
desdeñando las casas, empínase sobre ellas,
y de su claraboya, entre el hueco azulado
logra robar al cielo un puñado de estrellas.

Son las doce. Es la hora de las pravas visiones
que guarda el plano astral, como en oculto lienzo
Es la hora sombría de las apariciones
que anuncia el can noctívago en alarido intenso

A la luz de la luna muévense las escenas,
la tragedia revive, desarróllase el drama,
por callejas y plazas de sobresalto llenas
se va desenvolviendo la complicada trama

¿Qué galope siniestro se viene aproximando
seguido de mil voces y gritos destemplados?
tirado por un potro pasa un cuerpo sangrando,
despavorido el rostro, los miembros dislocados

A un soldado me acerco y en voz baja pregunto:
¿El nombre de ese reo me podeís revelar?
Es Juan de Carvajal, de Belcebú trasunto
que al sitio de la horca llevamos a colgar.

Hay un ubicuo canto de gallos divagando
por la tenue alborada, los fantasmas vacilan
con divergentes rumbos se van aproximando
y ante la luz que tiembla, pálidos se perfilan.

Pasan lentos, etéreos, Don Diego de Lozada,
Gutiérrez y Narváez y Ponce de León;
Y Doña Catalina de Miranda, la amada de tres conquistadores,
flor de gracia y pasión

Van Don Damián del Barrio, casi nonagenario,
Baltasar de Mendoza, Gutierre de la Peña,
y frailes que susurran un lúgubre rosario
y soldados que agitan la bicolor enseña.

Esfúmanse los templos: San albino, San Marco,
ya es un borrón informe el Hospital Real,
y de los dos conventos,
los atrevidos arcos flotan rotos en parte,
entre el alba triunfal

En la desierta esquina del mosquitero,
pasa el espectro de un cura:
lo mató una mujer.
Allí la voz humana bajo el terror se apaga
y millares de sínifes congrega Lucifer.

Yo soy un alma vieja como tu, ciudad mía.
Esta noche en la ronda de espectros
he apurado el sorbo más amargo de la melancolía,
porque he visto nacer y morir el pasado.

El pasado la piedra que con sangre teñimos,
la lágrima que tiembla dentro del corazón,
el recuerdo que viene a la hora en que dormimos
a mostrarse cual una misteriosa visión

Oh muertos, oh fantasmas, oh vida también muerta,
si vais a donde están los seres que me amaron,
decidles que mi alma quizás esta más yerta
que los cuerpos de ellos cuando los enterraron.

Y ahora como en esos finales de velada
en que sale un actor muy peinado a la escena
y tranquiliza el ánimo de la gente exaltada
con una perorata de parsimonia llana:
ruego al burgués que deje su asiento sorprendido
se digne serenarse con razones magnánimas
son cosas de poetas un poco entristecido
que se pone a soñar con el toque de ánimas

jueves, 21 de febrero de 2008

SIRENAS

Y son ellas
oh no!
vuelven a subir
monstruosas, horrendas
apenas escuchan la voz de los marineros!
No, no era al contrario
son ellas quienes no resisten oir a los hombres hablar
y suben
cartilaginosas, resbaladizas
feas
Con medio cuerpo metido
dentro de un pez de boca grande
criaturas de las profundidades
ávidas, aturdidas
a por un barco
a por otro naufragio
Marianela (Cheez)

domingo, 20 de enero de 2008

Existencia, un poema de Roberto Montesinos


Existencia
A Ramiro Montesinos

A donde vaya he de llevar conmigo
este ardido paisaje familiar:
tuna, cují, cardón de este solar
y este silencio fiel, como un testigo.
Este silencio, en cuanto callo y digo
que es leño y lumbre de mi propio lar,
alienta la tristeza y el pesar,
la angustia y la esperanza que persigo.
Este paisaje de cují y de tuna
de cielo gris y cerro corroído
al sol ardiente, a la piadosa luna;
este paisaje a mi alma constreñido,
no se si por desgracia o por fortuna,
es la razón de ser como yo he sido.



Roberto Montesinos

miércoles, 2 de enero de 2008

Los ataudes y los monumentos funerarios






Aparte de sentir una gran admiración
por los monumentos funerarios como los
que aún permanecen en pie en el cementerio general del sur en Caracas, y otros vistos por mi en algunos viajes, londres, edimburgo, el tocuyo, los ataudes también me dan esa sensación de confort y lujo. Son piezas que nuestra cultura excluye del mobiliario, nada más por hacer referencia al destino ineludible del descanso eterno. A veces la cama que ha servido para marcar la evolución de nuestro cracimiento (la cuna, la cama cuna, la camita individual de los cuentos imposibles, la cama de la niña adolescente, con horrible tela y ribetes en la madera, hasta la cama adulta) no es sino una variación abstracta sobre el mismo tema de lo que va a ser nuestro lecho mortuorio. Me hubiese gustado tener uno de esos neopolitan en mi habitación, muy mullido en su interior con un drapeado espeso para hacerme cosquillas antes de caer frita en el sueño nocturno (la mitad de las veces que he dormido en toda mi vida he padecido la parálisis del sueño o kanashibari, ¡horrible!) creo que de dormir en un ataud habría experimentado más en esa tiesura casi conciente que me ahoga y me hace presa de miedos y divagaciones. El cuadro de Fuseli ilustra lo que digo, esa especie de ahogo por tener al pequeño engendro oprimiéndote el pecho. El cuadro de Bocklin, cualquiera de sus 5 versiones conocidas, me mata. Basta ver el ataud en el frente de la embarcación, la figura enhiesta del acompañante y apenas el aflijido remero en segundo plano en ese siniestro y fantasmagoriano viaje hasta los rectos edificios de la isla de los muertos. Nos hemos conformado con ver al monumento y al ataud como piezas ajenas, me alentaria tener el ataud brillante con algunas catedrales como agarraderos, y sobre él, el monumento que camina al lado de éste cubierto con una pesada manta.(en la foto del cementerio general de Caracas) Hoy, cuando los deprimentes cementerios al ras del piso son la norma, cubiertos de flores plásticas en ciudades super pobladas (de muertos) deberíamos invertir en ese futuro más seguro y productivo que la universidad, volver a la tradición de hacer el costosísimo panteón familiar. Explico, la muerte no es productiva para la victima, pero sus implicaciones llenan muchas horas de investigación para gente como yo, quienes hemos vivido muertos de ganas de saber, ahondar, dormir y algunas veces profanar estos recintos y sus artilugios.







Textos varios

Se miran, se presienten, se desean,
se acarician, se besan, se desnudan,
se respiran, se acuestan, se olfatean,
se penetran, se chupan, se adormecen,
despiertan, se iluminan,
se codician, se palpan, se fascinan,
se mastican, se gustan, se babean,
se confunden, se acoplan, se disgregan,
se aletargan, fallecen, se reintegran,
se distienden, se enarcan, se caldean,
se estrangulan, se aprietan, se estremecen,
se tantean, se juntan, desfallecen,
se repelen, se enervan, se apetecen,
se acometen, se enlazan, se entrechocan,
se agazapan, se apresan, se dislocan,
se perforan, se incrustan, se acribillan,
se remachan, se injertan, se atornillan,
se desmayan, reviven, resplandecen,
se contemplan, se inflaman, se enloquecen,
se derriten, se sueldan, se calcinan,
se desgarran, se muerden, se asesinan,
resucitan, se buscan, se refriegan,
se rehuyen, se evaden y se entregan

Oliverio Girondo

OJOS DE PERRA TOCUYANA

Han pasado como treinta años,
y los ojos redondos de la perra
me parten la memoria
entre aquella sonrisa visual,
y el abismo del hambre
infinita, dolorosa
en la mirada de todos los hombres.

SOFOCO

Lamíamos el suelo con las manos,
pegajosa era la zurra de la gallina criolla
y el solar de la niña (magic land)
agrietaba la cabeza
quemando los zurcos de los juegos
calurientos,
de espejismo.
Los años no perdonan
y el sol tan firme
y uno tan viejo


CRUCES

El viento la templaba
como arrancándola,
elevándola.
El cuerpo fiero se le pegaba al alambre,
a las tunas.
Y al ventarrón
se le iba el tiempo
en coserla al paisaje
La gente sin oficio la recuerdan
entre las cruces de Arenales y San Pablo
incandescente, prendida
hedionda a cacho
y loca,
completamente loca de amor.

Cheez

Abubilla. Ave de mala ralea, que sólo come carne rechazada y vive en la tumbas y guarnece su nido con excremento. Bestiario. Cambridge 150

Comienzo con un titulo que ha nadie le va a redireccionar, oculta nos leeremos en la oquedad abyecta de algunos recovecos de la oscura mente. La mia, claro. En estos días había buscado en la red alguna información sobre poetas tocuyanos. Se halla lo mínimo, sin afán de convertirme en antóloga, poco a poco iré transcribiendo aquellas joyas que acuden al rescate del inmenso vacío existente y que para mi, llenan "por ahora" esa estética romántica, pero a la vez maldita o condenada que muy probablemente formaba el entorno de aquellos paisajes bucólicos, de esos pesares y cotidiano pensamiento de finales del siglo XIX y principios del XX.
Lo dixo, lo hiré haciendo, de a poco, es un compromiso de placer.
Cheez